Los pasteles, como esculturas efímeras, ponen en evidencia la noción de lo inestable; tanto formal como conceptualmente. Es desde esta inestabilidad –entre el poder visceral de la imagen y la presencia física e inmediata del material– que se desencadena la memoria y, con ella, un estado particular que se busca remarcar (un estado de transformación, de exploración de los sentidos, de vulnerabilidad, de meditación y de sueño) y que desprende el imaginario común: la pastelería como nuevo lenguaje poético.
- Texto por Floria Herrero.